El uso de los avances en el mundo de los desguaces es un hecho

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Para nosotros es enormemente importante todo lo que tiene que ver con la tecnología y con los últimos avances que nos facilitan la vida diaria. Desde que nos convertimos en seres vivos que confían, cada vez más, en lo virtual como un medio para prosperar, hemos avanzado notablemente dentro del campo de las tres W. Hoy en día podemos pedir comida desde casa, encender las luces de manera remota, conectarnos con todos nuestros gadgets y aparatitos a través de un mismo router, almacenar nuestros datos en la nube, parar una película que estemos viendo si tenemos una urgencia, reservar cita en el peluquero  con un simple clic o solicitar pizza  a través de una página Web. Todo ello nos ha convencido de las ventajas de la tecnología bien aplicada y empleada, y nos hemos dejado llevar, bien es cierto que a veces demasiado complacientemente, por lo que nos aporta la Red de redes y los avances técnicos.

Y sin embargo seguimos teniendo ciertas prevenciones en lo tocante a considerar ciertas cuestiones, como las piezas de segunda mano para coches, como un producto  tecnificado. Bien es cierto que su presencia hoy en día es absoluta, que nos sirven para poner de nuevo en marcha nuestro coche y que han permitido pasar lo peor de la crisis utilizando nuestro coche como una herramienta que aporta autonomía. Pero nuestro pensamiento unilateral  nos lleva a imaginar que a pesar de ser productos revisados con procedimientos muy tecnológicos no dejan de ser eso, piezas usadas que no pueden ser consideradas como tecnológicas.

Y sin  embargo un pequeño ejemplo nos permitirá entender hasta dónde llega la excelencia de estos productos. Pongamos por caso el de un coche que ha tenido un accidente y que ha quedado inservible. Pero no todas las piezas estarán en mal estado, de ahí que muchos desguaces aprovechen los motores de siniestros de todo tipo para revender estas piezas a los que las necesitan.

Fíjate que hablamos del corazón de un automóvil, no estamos refiriéndonos a una pieza de la carrocería. Pues bien, ese motor de segunda mano va a ser revisado con tanta eficacia como profesionalidad, atendiendo a muchos parámetros que nos indican máquinas y ordenadores novedosos y poniendo al servicio del usuario un producto final revisado, certificado y puesto a punto. Y todo ello con los últimos avances tecnológicos.

Así que estaría bien que fuésemos admitiendo de una vez y para siempre la existencia de calidad y buen hacer dentro de los desguaces, que también aplican una tecnología razonable y comprobable en todo aquello que ofrecen al gran público. Puede parecer que un motor usado no es en modo alguno un producto de la técnica, pero cuando giremos la llave y nuestro coche ronronee de nuevo sin toses ni ruidos extraños seguro que cambiamos de opinión…